La mirada fotográfica de: Chema Madoz

José María Rodríguez Madoz (Madrid 1958) es uno de los más reconocidos fotógrafos españoles y su obra es considerada como poesía visual. Cursó Historia del Arte en la Universidad Complutense de Madrid, estudios que simultaneó con otros de fotografía en el Centro de Enseñanza de la Imagen. Su primera exposición individual la realizó en 1985 en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid.
Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales, destacando entre ellos el Premio Nacional de Fotografía de 2000.



Aprendiendo de los maestros: Berenice Abbott

Berenice Abbott (1898-1991). Fotógrafa estadounidense famosa por su magnífica serie documental sobre la ciudad de Nueva York.
Estudió escultura en Nueva York y París, y a partir de los años veinte se dedicó a la fotografía, debido a la influencia de su paisano surrealista Man Ray. A través de él conoció al fotógrafo Eugène Atget, con el que trabajó intensamente.
Regresó a su país en 1929 y casi reprodujo fielmente las formas de hacer de Atget en Paris en la ciudad de Nueva York, completando en 1939 el estupendo trabajo titulado “Changing New York”.

Aprendiendo de los maestros: Walker Evans


Es difícil hacer fotografías de lo cotidiano. Primero, porque la tendencia natural es a dar por hecho la realidad ordinaria y considerarla aburrida. Segundo, porque una vez revalorado el entorno y los elementos a los que nadie parece prestar atención, se corre el riesgo de querer poetizar esta realidad para hacerla un poco menos mundana.
Tal vez por eso las fotografías del estadounidense Walker Evans resultan complejas de comprender y apreciar, porque son imágenes aparentemente simples de sujetos insignificantes.

Aprendiendo de los grandes maestros: José Manuel Navia

Entrevista de Nuria Gras a José Manuel Navia en la revista Quesabesde

“La materia prima de los fotógrafos es el tiempo”

¿Cómo llegaste a la fotografía?

Mi madre y mi abuela son andaluzas y yo heredé ese gusto de la gente del sur tanto por retratarse como por contar historias. Mi madre era algo aficionada a la fotografía y le pareció bonito que yo tuviese un laboratorio en casa y revelase las fotos de la familia. A los doce años me regalaron un curso por correspondencia; llegó a casa con un montón de libros y todo el equipo de revelado, y empecé a revelar en el cuarto oscuro. A esa edad ver aparecer la imagen por primera vez en la cubeta fue como una droga. Es algo a lo que quedas enganchado.

¿Y cómo llegas al oficio, o casi mejor dicho a apasionarte y obsesionarte por la imagen?
Desde niño lo que me había gustado de la fotografía era la soledad. Quizás porque soy hijo único siempre me ha gustado estar solo. Yo creo que eso de una forma u otra te marca. Por eso muchos hijos únicos solemos ser muy charlatanes y muy sociables cuando estamos en compañía. Creo que es por compensación.
Mis inicios coincidieron con el final de la dictadura franquista. En aquella época me relacioné con movimientos cristianos de izquierdas y progresistas. Había mucha actividad en los barrios y fue relativamente fácil empezar. Más adelante pasé a trabajar en una imprenta y más tarde en una editorial de libros didácticos, donde trabajé diez años como fotógrafo. Fue en esa editorial donde empecé a tomarme en serio la fotografía.

“El fotógrafo ha de ser una unidad independiente de producción.” Para definir tu forma de trabajar haces tuya esta frase de Sebastiao Salgado, pero tu equipo está formado por tres personas.
Efectivamente, somos tres personas en el estudio, dos de ellas mujeres: Carmen, con la que además comparto mi vida desde hace 35 años y Marta, que es prácticamente de la familia. Somos una familia de tres y una microempresa unida por una gran amistad. Yo creo profundamente en el trabajo en equipo, que no significa todos a la vez haciendo todo, sino que cada uno haga su parte. Evidentemente mi parte es muy solitaria, pero no lo es menos la de Carmen cuando edita o la de Marta con el trabajo de laboratorio digital, aunque todos intervenimos puntualmente cuando es requerido.
¿Y te resulta fácil delegar esas partes del proceso?
Bueno, delegas pero al final acabas decidiendo tú. Es evidente que las imágenes son del fotógrafo, pero en mi caso el 50% de lo bueno que puedan tener mis fotografías es mérito de ellas, Carmen y Marta, porque discutes, comentas y al final te hacen ver las cosas de otra manera. Es más, a veces hago afirmaciones que luego me cuesta trabajo mantener y son ellas las que me recuerdan lo que dije. Hay muchos caminos por los que esa complementariedad redunda.

Me gustaría preguntarles a Carmen y a Marta qué tal les resulta trabajar contigo.
Uf… Yo creo que te dirían que soy muy pesado. Hablando seriamente, me gusta rodearme de gente brillante. Ya lo decían los jesuitas: si quieres ser bueno rodéate de gente buena, si quieres ser mediocre rodéate de mediocres. Hay quien cree que rodeándose de mediocres destacará. ¡Pero mira que destacar entre la mediocridad! Soy muy jesuítico en este sentido y tengo la suerte de estar con dos personas muy competentes y muy complementarias entre ellas y para mí.

“No sé si soy artista. Sé que soy fotógrafo; no sé si bueno o malo. Lo que sí defiendo es la autonomía de la fotografía, la capacidad de expresión de la fotografía pura, sin complejos.” Hay quien piensa que eres inclasificable. ¿Qué clase de fotógrafo eres?
Ahora todo el mundo es artista, fotoperiodista, documentalista… Pero yo creo que básicamente hay que ser fotógrafo. A mí personalmente me gusta mucho la palabra autor: alguien que se expresa de una forma más o menos personal, a través de un medio. Sin embargo, más allá de adjetivos lo que sí sé muy bien es a qué familia pertenezco. Podría ser el hijo más tonto de esa familia… qué putada [ríe]. Pero la puedo reconocer.
Si trazamos una línea temporal desde la fotografía documental que surge de forma paralela en Europa y en Estados Unidos y que empieza en el trabajo documental de Jacob Riis a finales del siglo XIX o de Atget a principios del siglo XX, a partir de aquí hay una manera de entender la fotografía que cristaliza en nombres “más modernos” como los de Paul Strand y Walker Evans.
Después de Walker Evans surgen dos “hijos” importantes: Eugene Smith, que es uno de los padres del fotoperiodismo moderno y de la mal llamada fotografía comprometida (que a mí, personalmente, me crea muchas dudas), y Robert Frank, que desarrolla una fotografía más pura con la voluntad de que la fotografía sea fotografía en sí misma. Nada más y nada menos.
Conocer la historia de la fotografía te puede ayudar mucho a saber quién eres. Yo sé que pertenezco a esta familia, y en ella me siento cómodo.

Es cierto que hay un camino como el que describes que lleva hasta tus fotografías, pero hay algo que te distingue de tus parientes fotográficos: el color.
Es curioso esto que has dicho porque me han pasado dos cosas reveladoras con el tema del color. Cuando conocí a Gonzalo Juanes, fotógrafo asturiano de la generación del grupo AFAL, quedé fascinado con su trabajo porque él hizo en los años 60 algo parecido a lo que yo me propuse en los 80: hacer en color esa gran fotografía en blanco y negro que yo admiraba.
Veía que muchos fotógrafos que trabajaban en blanco y negro cambiaban completamente cuando se pasaban al color. Algunos compañeros a veces lo intentaban explicar: “Es que esto no se puede hacer en color.” Además, había observado cómo grandes fotógrafos como Walker Evans o Robert Frank al final de su carrera también hacen un trabajo en color con una lectura distinta, más cercana a la plástica que a la pureza de sus obras clásicas, y yo no me lo acababa de creer. Mi obsesión era hacer en color esa fotografía que tanto me interesaba.

Miguel Trillo, un fotógrafo sorprendente que a principios de los 80 estuvo muy involucrado en la Movida Madrileña, me confesó que en aquella época para él y para otros fotógrafos de su grupo yo era un moderno [ríe] porque hacía color y empezaron a ver publicados trabajos míos en color. Me han llamado de todo en la vida menos moderno. Pero es comprensible porque en esa época la estética canónica la marcaba el blanco y negro, y yo me propuse hacer lo mismo pero en color. Por eso me hizo mucha ilusión que Trillo me dijera eso.
Cristóbal Hara, gran fotógrafo y amigo, hizo una evolución que tiene que ver con esto que hablamos. Tenía un excelente trabajo de reportaje en blanco y negro, y él mismo manifiesta la necesidad de huir de esa estética. Lo consigue gracias al color y se aleja de esa fotografía purista en blanco y negro más Magnum, que es maravillosa pero que encierra ciertas trampas de las que hay que prevenirse.

¿Qué opinión te merece la fascinación que demuestran galerías y museos por este género al que se le ha puesto la etiqueta de documentalismo?
Con la palabra documentalismo me pasa igual que con el chaleco de fotógrafo, que en realidad originalmente era de pescador: desde que empezaron a usarlo todos los turistas no he vuelto a ponerme uno. Es una palabra que ahora procuro usar con cuidado. Ha habido una especie de “boom” con este término, parece que para otorgar un valor cualitativo a la obra: “Lo que yo hago tiene que ver con la realidad”.
Dentro de lo que se ha llamado nuevo documentalismo, una línea muy ligada a la escuela alemana, hay muy buena fotografía. ¡Cómo no la va a haber! El problema es que se convierta en una moda. Las modas son mortalmente aburridas. Creo que es un fenómeno comparable a lo que me pasó a mí en los 80 con un tipo de blanco y negro.
Hoy muchos autodenominados documentalistas hacen color, pero es un color muy alemán, lavado, limpio… Si yo soy latino y mis territorios naturales de viaje son América Latina, Portugal y sus antiguas colonias, España, el Magreb… ¿Por qué voy a entrar en esa plástica de la escuela de Düsseldorf?

En tus imágenes hay una concepción del uso del color muy efectiva. Juegas con los tonos fríos y cálidos para componer la imagen, un poco en la línea de Tino Soriano y National Geographic.
Es cierto, porque yo, al igual que Tino aunque menos, también he transitado por los caminos de National Geographic. Pero mi fotografía y mis colores resultan más tristes, a decir de algunos, o serios, en comparación con los de Tino. Y es que yo siempre he sido demasiado fotoperiodista para los artistas y demasiado artista para los fotoperiodistas. Pero me parece bien; estoy en medio. Tal vez eso sea la fotografía, “un arte intermedio”, como dijo el sociólogo Pierre Bourdieu.
Me siento cómodo con esta idea porque realmente lo que me interesa es la buena fotografía. Y lo que sí sé, aunque tal vez resulte pedante decirlo, es reconocer la buena fotografía y disfrutarla. No sé si la mía lo es, pero la sé ver y la veo igual en una página perdida de un periódico, en un libro antológico de un autor o en una exposición. Y es un encuentro maravilloso.
La fotografía tiene un lenguaje propio, aunque muchos no lo quieran aceptar. Y si entiendes y valoras ese lenguaje, lo descubres allá donde esté.

El viaje resulta omnipresente en tu trabajo, pero en un sentido mucho más amplio de lo que seguramente entiende la profesión.
Lo realmente interesante del viaje fotográfico es la idea del reencuentro. Da lo mismo viajar al fin del mundo que a treinta kilómetros de tu casa. Lo importante en mi opinión es la idea de reconocer, no de descubrir. Las imágenes que realmente nos importan están ya dentro de nosotros desde la infancia o la juventud. Cuando fotografiamos algo y ese acto fotográfico nos emociona (no el visionar el resultado sino la propia toma de la imagen) es como si estuviéramos dando forma a una imagen que ya tenemos dentro.
Simplemente deambulamos por el mundo buscándolas. O como decía Julio Llamazares: vamos recogiendo esas imágenes desperdigadas para incorporarlas a una caja imaginaria donde guardamos nuestras fotos de familia y nuestros recuerdos. Esa idea me interesa mucho: es un camino de ida y vuelta. Y diría, sin querer ponerme demasiado profundo, que es algo que tiene que ver con lo vernáculo y en cierto sentido con lo telúrico, con la raíz, con la vuelta a la tierra, al origen.
Por eso, como bien sabía Walker Evans, en lo documental siempre hay algo o mucho de falso documental, porque más que descubrir o describir, al fotografiar lo que buscamos es encontrarnos a nosotros mismos a través del reencuentro con todo aquello que más nos importa porque evoca lo que llevamos más adentro. Si es importante que la realidad fotografiada sea significativa en sí, más importante es aún que signifique algo para nosotros. Evans hablaba de “Lyric documentary”, y esa idea de documentalismo lírico o poético parece encerrar un contrasentido o una paradoja que a mí me gusta mucho.

Esta concepción tuya del viaje fotográfico podría cambiarles la vida a muchos fotógrafos, podría ser una lección fundamental.
“Debería haber tenido el valor de fotografiar a mi padre en la etapa final de su vida, pero no fui capaz y ya no tiene vuelta atrás. Es lo fantástico de la vida”
Una alumna me comentaba que suelen decirle que es muy melancólica. Yo le contesté: es normal; la materia prima de los fotógrafos, al igual que la de los escritores, es el tiempo… ¿cómo no vamos a ser melancólicos? Imagínate que a un corredor le criticaran por ser rápido. Pues muchos fotógrafos somos melancólicos o mejor nostálgicos, y por eso somos fotógrafos, tenemos ese poso. Va con el oficio y no hay que avergonzarse de ello.
Doisneau dejó una gran frase y Avedon también dijo algo parecido en su autobiografía: “Fotografiamos para luchar contra la muerte.” Lo que pasa es que al final te mueres… ¡Es una putada, claro!
Te voy a decir algo que no he comentado nunca: por suerte pude acompañar a mi padre en la etapa final de su vida, en la que padeció una enfermedad terminal. Estuve con él prácticamente todo el tiempo hasta su muerte y murió estando solo conmigo. Siempre he pensado que debería haber tenido el valor de fotografiarle, pero no fui capaz… aunque sí de escribir. Por este motivo cuando soy autobiográfico, que todos lo somos, lo soy muy discretamente. Y siempre pensaré que eso no lo hice y ya no tiene vuelta atrás. Es lo fantástico de la vida.

“Odio la fotografía literaria”, pero para ti fotografía y literatura van de la mano… ¿puedes matizar esa frase?
Lo que hay que evitar es ilustrar literalmente la literatura, valga la redundancia. Hay que utilizar la literatura como motivación fotográfica; el que quiera, por supuesto. Nuestro gusto fotográfico y literario debería coincidir en un estrato muy interno nuestro, que esa comunión no salga de forma evidente, sino como una relación sutil. Lo obvio no es interesante: lo interesante es lo sutil.
Juan Marsé escribe sobre el barrio de Gràcia de Barcelona: “El paisaje de mi infancia se me acabó convirtiendo en un paisaje moral.” Eso es la hostia, y no es fácil ilustrarlo. Provoca un proceso de reflexión y eso va a marcar tu fotografía. Eso es lo que a mí me interesa: esa interrelación profunda, esencial. La mera ilustración que no va más allá nunca es muy interesante, aunque sí más comercial y, por cierto, cada vez más demandada.

En diversas ocasiones has lapidado a un auténtico mito de la fotografía: “Cartier-Bresson ha dejado para la historia casi más frases que fotografías.” ¿Qué te pasa con “monsieur” Henri?
“Cartier-Bresson es un grandísimo fotógrafo, pero como burgués que era estaba muy obsesionado con epatar a los burgueses”
Cartier Bresson es un grandísimo fotógrafo. Su forma de trabajar con las Leica y las cámaras en miniatura supuso una transformación de la que nos hemos alimentado todos los que hacemos un tipo determinado de fotografía. Y el que niegue eso miente. Más allá de este hecho, Cartier-Bresson era un hombre de clase social alta, de una familia muy rica de metalúrgicos franceses, y como burgués de origen estaba muy obsesionado con epatar. Epatar a los burgueses, que dicen en Francia.
Todas sus teorías del instante decisivo, del tiro con arco, de no mirar al blanco sino dirigir la flecha con la mirada… están bien, pero tampoco es para tanto. Estamos hablando de la instantánea, de hacer coincidir una estructura geométrica con un momento determinado. El resultado final de todas esas teorías son unas fotografías que están muy bien, pero lo que él perseguía además era que sus frases fueran recordadas como la “Filosofía de Cartier-Bresson”. Y a veces son frases muy dispersas. Sólo por poner un ejemplo, cuando habla del color dice textualmente: “Yo puedo afirmar que la fotografía en color ni es ni será nunca arte.” Y añade: “Y lo puedo decir porque yo he intentado hacer fotografía en color y no funciona.” ¡Toma ya!
Claro que Cartier-Bresson es un gran fotógrafo… ¿cómo no? Y su obsesión por las frases es comprensible si tenemos en cuenta su condición de burgués. Pero epatar a los burgueses es algo que sólo les preocupa a otros burgueses, porque a los que no venimos de clase burguesa nos da igual. Al contrario: lo que nos interesa es tratar con los burgueses porque aprendemos mucho de ellos [ríe].

¿Y cuáles son tus referentes fotográficos?
Me emocionan cosas diferentes que además no tienen nada que ver con lo que yo hago, y con el tiempo también vas cambiando. Siempre cito a Paul Strand y lo voy a hacer una vez más porque su libro antológico “60 Years of Photographs”, de la editorial Aperture, supuso para mí un antes y un después. Ese libro y no otro fue el primer libro importante de fotografía que cayó en mis manos.
No hay que olvidar que pertenezco a una generación de fotógrafos españoles para los que era frecuente crecer sin apenas referentes fotográficos. Los únicos libros a los que solíamos acceder eran manuales de revelado y cosas por el estilo. Gracias a “60 años de fotografías” me di cuenta de que la fotografía era un verdadero lenguaje, además de descubrir que fuera de España había fotógrafos de una grandísima cultura que podrían haber sido cualquier cosa (escritores, arquitectos…) y fueron fotógrafos porque quisieron.

Otro fotógrafo fundamental para mí es Walker Evans. Con él vuelvo siempre a la esencia, a la fotografía tal y como yo la entiendo. Saul Leiter es un fotógrafo que he descubierto recientemente y que me tiene fascinado. Se ganó la vida haciendo moda en blanco y negro para Harper’s Bazaar, y paralelamente de 1950 a 1960 hizo un trabajo de calle impresionante en diapositiva en color con una Leica. Tiene una coherencia y una concepción del color tan cercana a lo que a mí me gusta que quedé fascinado.
El escritor Álvaro Mutis explica que hay dos tipos de grandes escritores, y para mí esto sería perfectamente aplicable a los fotógrafos: los que nada más acabar de leerlos te hacen pensar “qué gran escritor”, y los que nada más acabar de leerlos te hacen desear coger un papel y ponerte a escribir. Para Mutis un ejemplo del primer grupo sería Victor Hugo, y un ejemplo del segundo caso es Joseph Conrad.
Yo veo la obra de Irving Penn o Avedon y me emociono, la disfruto. Pero en cambio, si veo la obra de alguien como Walker Evans, Saul Laiter o Eugene Smith, siento inmediatamente la necesidad de salir a fotografiar.
Resulta interesante que hayas citado a Eugene Smith, un fotógrafo al que has criticado mucho pero con el que parece que finalmente has hecho las paces.
Eugene Smith es uno de los fotógrafos más completos de la historia de la fotografía. Por su calidad técnica, por la variedad de temáticas. Lo que sí es cierto es que existe un Smith célebre, humanitario, un poco tramposo que piensa que puede cambiar el mundo y del que el verdadero Eugene Smith no fue capaz de liberarse. Ese Eugene Smith, el auténtico, el fracasado (dicho con todo el respeto), el de las obras que no logró publicar es el que me interesa. Es más, me fascina.
Sobre todo me interesa el Eugene Smith de “The Pittsburgh Project”, un trabajo de encargo que debió haber acabado en quince días y en el que empleó dos años y no logró publicar. “The Pittsburgh Project” no es un trabajo documental, es un poema fotográfico sobre esa ciudad. En ese trabajo hay un Smith de una grandeza que dudo que ni siquiera él mismo conociese. Sin embargo, acabó renegando de ese trabajo.

Al final de su vida hizo “Minamata”, volviendo otra vez a la línea de las fotografías-icono que él tan bien sabía hacer pero que a mí no me interesan tanto, porque un icono es un símbolo y la fotografía no tiene que simbolizar nada. Me interesan los signos, que son abiertos, fecundos, y no los símbolos, que como decía Cernuda son estériles.
Walker Evans produce signos, fotografías que significan mucho aunque no sepamos el qué, como dijo el poeta William Carlos Williams. Pero imágenes de Eugene Smith como los Guardias Civiles de Deleitosa, la madre bañando a Tomoko… son casi imágenes de iconografía religiosa. Evidentemente esas imágenes lo encumbraron, y él no supo escapar a tiempo de ese tipo de trabajos. Fue un hombre muy ambivalente.
En Eugene Smith o en el Robert Frank que al final de su vida se acerca al arte contemporáneo y acaba haciendo vídeo, instalaciones, intentando renegar de lo que en él tiene más valor, existe una dualidad que no han sido capaces de resolver, siendo tan grandes como son.

Exposición del Grup Fotogràfic de Petrer

El Grup Fotogràfic de Petrer quiere comunicar que este sábado, 18 de enero a las 19:00, en el Forn Cultural de Petrer se inaugura una exposición con los últimos trabajos fotográficos de los miembros de este colectivo. En la muestra se expondrán obras de diferente temática, tanto de autores veteranos, como algunos noveles que se están incorporando al mundo de la fotografía a través de esta asociación que cumple 31 años de actividad.

La exposición se mantendrá abierta hasta el 2 de febrero, y el horario de visitas será de jueves a sábados, de 19 a 21 horas, y los domingos de 18 a 20:30 horas.

Stéphanie Martin Petit, la fotógrafa de los artistas urbanos


La fotógrafa francesa Stéphanie Martin Petit ha realizado una amplia colección fotográfica retratando más de 1000 persianas barcelonesas pintadas con grafitis de gran nivel artístico. Empezó poco a poco, inmortalizando esta inmensa galería de arte cuando los comercios de la capital catalana al anochecer bajan la persiana para cerrar su negocio hasta la mañana siguiente.

Los colores y la personalidad que brindan este arte prohibido a las calles barcelonesas, culturalmente como turísticamente es enriquecedor para muchas personas. Sin embargo, algunas instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona no opinan lo mismo. Según unas declaraciones en el año 2010 “Pintar grafitis en el espacio público es una conducta de ensuciamiento que no sólo devalúa el patrimonio público o privado sino que principalmente provoca una degradación visual del entorno, afectando la calidad de la vida de vecinos y visitantes”. De hecho, los pintores como a los comerciantes que encarguen un grafiti para su persiana pueden ser multados con 600€.

Stéphanie ha querido mostrar su punto de vista sobre este tema fotografiando las persianas más llamativas y espectaculares de la ciudad. La autora dice que “Al atardecer, cuando acaba el ritmo de la vida diurna, las tiendas de Barcelona bajan sus persianas. De este simple gesto nace una espectacular exposición de arte urbano al aire libre que acompaña a los transeúntes nocturnos y les regala historias llenas de color”.

Juana Biarnés, la primera mujer en practicar el fotoperiodismo

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Se codeó con The Beatles, Clint Eastwood y Roman Polansky, entre otras celebridades, y cuando cubrió su primer partido de fútbol tuvo que dar explicaciones al árbitro cuando éste le preguntó qué estaba haciendo una mujer en la zona de fotógrafos. Hablamos de Juana Biarnés, una de las primeras fotoperiodistas españolas.

Juana Biarnés fue la mujer que supo colarse en el avión y en el hotel de los Beatles para conseguir una exclusiva histórica, la que engañó a Roman Polansky adoptando una identidad falsa, la que se sonrojó cuando Clint Eastwood la besó en los labios, la que retrató a un joven y desconocido Joan Manuel Serrat, la que fue fotógrafa personal de Raphael y la que reveló los negativos de la ceremonia de los Oscars de Hollywood en el lavabo de la casa de Xavier Cugat. Y así, mil historias más.

Un currículum ciertamente asombroso y, más aún, para una época especialmente difícil para nuestro país. Muchas veces un fotógrafo es conocido y recordado por su obra, pero también, deberíamos conocer las particularidades y circunstancias del autor, precisamente, para entender mejor esa obra. Es el conocimiento de esos otros aspectos los que nos hacen comprender mejor su fotografía.
Juana Biarnés, la primera mujer en practicar de forma profesional y sistemática el fotoperiodismo, no solo en Cataluña, sino en el conjunto de España, es a día de hoy una total desconocida. Dar a conocer su trayectoria y su obra forma parte de la obligación de recuperar el patrimonio documental del país.



Fotografía de doble exposición de la mano de Dan Mountford

Si algo hemos aprendido de los avances, es que muchas de las nuevas tecnologías conviven sin problemas con sus predecesores, a pesar de que muchos apostaban por lo contrario. Es este el caso de la fotografía, en la que seguimos viendo artistas que apuestan por la vieja usanza y nos deleitan con trabajos como el que nos ocupa. Este es el trabajo de Dan Mountford, un jovencísimo artista multidisciplinar.

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Según el propio autor, esta serie de fotografías de doble exposición están realizadas ‘en cámara’, y sólo ha echado mano del famoso Photoshop para cambios de tono en el color y algunos añadidos ocasionales como es el caso de la siguiente instantánea.

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En esta época digital, su trabajo asombra en gran parte por el desarrollo analógico del mismo, pero también por el resultado. Mountford mezcla conceptos completamente diferentes y consigue crear, mediante una genial composición, una fotografía armónica y con un sentido final totalmente diferente.

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Dan Mountford 
intenta trasladarnos a esta concepción de un mundo dentro de otro totalmente diferente y lo consigue, lo que nos deja con muchas ganas de ver qué nos traerá en el futuro el joven fotógrafo. Después de esta genial entrada en el mundo artístico (su obra recorre Internet desde hace un par de años) no le perderemos la pista.

Ana G. Moldes
21 mayo 2013

Fallo del I Rally Fotográfico ClickPetrer 2013

La sede del Grup Fotogràfic de Petrer, ubicada en el Museo de la Fiesta en la Plaza Ramón y Cajal, fue el escenario en la tarde de ayer viernes del fallo del “I Rally Fotográfico ClickPetrer 2013”. El jurado estaba compuesto por Rafael Poveda Bernabé, de la Agrupación Fotográfica de Monóvar, Manuel López Puerma, presidente de la Asociación Fotográfica “Foto-Cine La Vila” y miembro de la Federación Internacional de Fotografía, y Fernando Moreno Mas, fundador y presidente del Grupo Zona IV de Crevillente. Se quería contar, como señaló Juan Miguel Martínez Lorenzo, presidente del Grup Fotogràfic de Petrer, con fotógrafos de un cierto prestigio al tratarse de la primera edición del Rally.
Los premios en la categoría “La villa de Petrer en todos sus aspectos” fueron para Salvador Vidal Gea, de Monóvar (primer premio con 500 €), Manuel López Francés, de Villena (segundo premio con 350 €) y Pedro José Benlloch Nieto, de Calpe (tercer premio con 200 €). Por su parte, los premios en la categoría “Jóvenes” (participantes menores de 16 años) fueron para Ana Busquier Rodríguez, de Petrer (primera con premio valorado en 150 €), Roberto Maciá Soria, de Elda (segundo con premio valorado en 100 €), e Irene Maciá Soria, de Elda (tercera con premio valorado en 50 €).
Por último, el presidente del colectivo, al valorar el acto, quiso señalar el alto nivel de las obras presentadas así como agradecer la presencia tanto al jurado como a diversos fotógrafos que allí se encontraban. Los premios se entregarán en un acto que tendrá lugar el sábado 1 de febrero en el Centro Cultural (calle San Bartolomé), en la que se hará balance de esta edición para posteriormente pasar a la exposición del “I Rally Fotográfico”, en la que se expondrá una fotografía de cada uno de los participantes.

Premios apartado adultos


Primer premio: Salvador Vidal Gea (Monovar)


Segundo premio: Manuel López Francés (Villena)


Tercer premio: Pedro José Benlloch Nieto (Calpe)

Premios apartado jovenes


Primer premio: Ana Busquier Rodríguez (Petrer)


Segundo premio: Roberto Maciá Soria (Elda)


Tercer premio: Irene Maciá Soria (Elda)

Imágenes del acto
Vicent Olmos Navarro, miembro del GFP y motor de alta presión que ha movido el proyecto ClickPetrer, es entrevistado para un medio informativo local.


De izquierda a derecha. Vicent Olmos Navarro, Rafael Poveda Bernabé, Fernando Moreno Mas, Pascuel Maestre Martínez (secretario del acto) y Manuel López Puerma.


El público comienza a llegar a la sala donde se celebrará el fallo del I Rally ClickPetrer.


Otra vista de la sala, sede del Grup Fotogràfic Petrer.


El jurado y miembros del GFP, entre los que se encuentra su presidente, Juan Miguel Martínez Lorenzo, segundo por la derecha.


Los corrillos previos al fallo, en los que se saludan los colegas aficionados a la fotografía de diversas localidades. En la imágen aparece, a la izquierda, Manuel López Francés, segundo premio en la categoría de adultos.


Otra imagen del jurado, ya dispuestos a comenzar.


Miembros del GFP. Dos de ellos veteranos y los otros dos procedentes de la cantera del Curso de iniciación a la fotografía que se impartió en esta sede, y que forma parte del proyecto ClickPetrer.


Imagen del jurado una vez acabado el fallo fotográfico.